Compulsión

El tratamiento de la obesidad con Medicina Ortomolecular se focaliza en el estrés entendido como una alteración de la bioquímica del sistema nerv​ioso y luego, de todo el aparato hormonal.
Hoy sabemos que la panza (tejido adiposo intraabdominal) está en el banquillo de los acusados y desde allí miramos como y por qué se forma. Dado que es el origen de muchas enfermedades como la diabetes, los infartos cardíacos y cerebrales, la artrosis, los cálculos de vesícula y hasta algunos cánceres, con décadas de anticipación

¿Por qué tengo compulsión por las harinas y los dulces?

Lo primero que me pasa es que dejo de comer por mucho tiempo (más de 4 horas). Además, me levanto a la mañana y desayuno muy poco: 2 galletas o tostadas (harinas) y alguna infusión. Ya tenía 8 a 10 horas de ayuno de la noche anterior.

Me pongo las pilas para salir a trabajar porque la hormona del estrés normal -denominada cortisol- sube por la mañana. Si el día fuera muy difícil, aún subirá más y junto con el cortisol aumentará la adrenalina cerebral..
El cortisol y la adrenalina harán que yo pueda correr durante el día porque aumentan mi glucosa en la sangre sacándola del hígado, hasta que se agote.
Luego, mi día continúa a alta velocidad y almuerzo rápidamente un sándwich con un café o una gaseosa. Así, sigue aumentando mi glucosa en la sangre y comienza en paralelo, el aumento de la insulina. La insulina es la hormona por excelencia formadora de grasa.

Al terminar el dia casi no merendé y llego a mi hogar muy cansada. A las 20 hs, el cortisol y la adrenalina normalmente caen y con ellas también el azúcar de mi sangre, pero el hígado ya no tiene reservas.
La falta de azúcar en la sangre genera una respuesta del cerebro de compulsión. Éste no deja pensar ni decidir la calidad de los alimentos que voy a comer y lo que más me pide el cerebro son harinas y azúcares (arroz, papa, fideos, pan).

Además, el estrés que pasé durante el día modificó mis neurotransmisores cerebrales. El neurotransmisor más importante para evitar la compulsión es la serotonina.
La serotonina se forma de un aminoácido que se llama triptofano. Éste se encuentra muy concentrado en el chocolate. Si me falta serotonina me muero por comer chocolate, así aumenta mi panza.
La compulsión por comer harinas comenzó principalmente por dejar pasar mucho tiempo sin comer, allí el cerebro pide a gritos glucosa porque es lo único de lo que se alimenta. Así se cierra el círculo vicioso y enfermante que nos produce la panza.

La barriga, panza, obesidad visceral son todos sinónimos de lo que se llama síndrome metabólico, más modernamente llamado por Per Björntorp (Profesor de Medicina de La Universidad de Goteborg, Suecia) , Síndrome de Civilización, pues incluye el estrés y el sedentarismo al que nos lleva la televisión, la computadora y el auto.

El hombre primitivo comía mejor y se movía naturalmente por lo que no conoció estas patologías.

¿se puede salir de la compulsión? solo hay 2 caminos según el Tratamiento ortomolecular de la obesidad

Cuáles son los caminos que se pueden recorrer según la decisión que tomemos.

Si ya estoy en el torbellino de mi vida, sin gobernar mis pensamientos, tampoco podré administrar este corto tiempo de vida que tengo.
Vamos a ver qué pasa si sigo comiendo y viviendo como ya lo describimos anteriormente.

En el síndrome de civilización que engloba el supermercado, el delivery, el fastfood, la televisión, la computadora y el auto, mi cuerpo tendrá menos masa muscular y más masa grasa.

Con el paso de los años, sin dolor ni molestias, en forma totalmente silenciosa, cada vez que comamos una factura, un dulce o un helado, aumentará la insulina. La única hormona productora de grasas.
Además, cada vez que nos tensionamos, el cortisol y la adrenalina se encargarán de sacar la grasa de los depósitos y hacerla circular desde el abdomen hacia el hígado. Con esto se va formando un hígado graso o “esteatosis hepática”.

Por ahora no sentí nada.
Las grasas libres siguen de largo por mala circulación, llegan al corazón y desde allí, son bombeadas a todo el cuerpo.

Estas grasas “libres” se oxidan rápidamente y así son pegadas a las arterias, venas y capilares.

Recordemos que la grasa es una gran glándula que produce hormonas y sustancias tóxicas, llamadas citoquinas.

Una de las peores se llama FACTOR DE NECROSIS TUMORAL (TNF) que colabora para que estas grasas “libres” se peguen a las arterias.

Este mecanismo por muchos años es invisible, pero según la intensidad con que se aumente de peso y el sedentarismo se puede descubrir por un estudio médico pequeños cúmulos de grasas pegadas a las arterias del cuello y esto es una representación del estado de las arterias de todo el cuerpo.

En EEUU se hicieron autopsias de chicos de menos de 3 años que murieron por accidentes y encontraron placas de grasa pegadas en las grandes arterias.

Esta es la forma en que silenciosamente un adulto puede llegar a tener un infarto agudo cardíaco, un accidente cerebrovascular o incluso una muerte súbita.

En esos momentos de gran susto en que, lógicamente entramos en terapia intensiva, es cuando la mayor parte de nosotros pensamos en cambiar nuestros hábitos de vida.

Lamentablemente, todo conspira para que el síndrome de civilización siga adelante por que los médicos no estamos formados desde la facultad para enseñarle al paciente a salir de este círculo vicioso. Los médicos mismos también somos víctimas del mismo sistema.

Otra consecuencia adquirida por el camino de la compulsión es la diabetes tipo 2, no insulino-dependiente.
A ella se llega por décadas de máxima exigencia al páncreas. Este produce excesivas cantidades de insulina hasta que se agota.
Cuando empezamos a notar que orinamos más de noche, tenemos mas sed, y “sorpresivamente” bajamos de peso, vamos al médico y nos descubren la azúcar alta.
Para controlar esta forma de diabetes lo habitual es que se den unas drogas extrañas al organismo, llamadas hipoglucemiantes orales que exigen que el páncreas produzca más insulina, dado que por primera vez hubo falta de ella.
Si ya pertenezco al grupo del llamado Síndrome de civilización, estaré gorda/o, con panza, sin músculo, con arterias en camino de taparse, diabética y con colesterol alto.
Podemos seguir así porque aún caminamos, pensamos, trabajamos y no nos damos cuenta que estamos más lentos, sin fuerza, sin agilidad y, sobre todo, con menos inteligencia.

Esto ocurre porque nuestro cerebro es el órgano más lábil a la falta de oxígeno y también el que más rápidamente se oxida. Según el camino que elijamos nuestras neuronas morirán entre 10.000 a 100.000 por día.

Es cierto que esta epidemia es creada por la industrialización, más el consumismo.
Nuestros niños crecen sin que nadie les advierta hacia dónde se dirigen porque ni nosotros lo sabemos.

A través de esta info del tratamiento de la obesidad con Medicina Ortomolecular tratamos de dar un poco de luz con la convicción que el CONOCIMIENTO es PODER.
La libertad es un derecho y una obligación, podemos elegir vivir y comer de una manera o de otra.

A veces hay que pagar el precio de ser diferentes porque vamos contra la corriente, pero la vida y la salud valen la pena.

Someterse no le sirve a nadie y siempre una rebeldía inteligente, apoyada en el conocimiento es muy saludable.
La Medicina Ortomolecular viene a dar una vuelta de este círculo vicioso hacia un círculo virtuoso.

Dra. María Alejandra Rodríguez Zía.
M.N: 70787

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